Categorizado | Temas del caballo

La columna vertebral y la silla

El sistema nervioso se expande por todo el organismo, desde varios puntos de partida que tienen como origen una misma estructura: la columna vertebral. Parece evidente entonces que el reparto del peso del jinete tenga una repercusión directa sobre el equilibrio general del caballo.
El peso del jinete sobre una columna que padece lesiones osteopáticas, es decir, bloqueos articulares o, lo que es lo mismo, restricciones de movimiento, influye sobre las diferentes patologías del animal.

No es en absoluto extraño encontrarnos con caballos que padecen sistemáticamente la misma patología después de haber trabajado, mientras que se encuentran mucho mejor cuado no se les monta. Para citar algún ejemplo, nos referimos a caballos que padecen cólicos sistemáticos a la hora de haber trabajado, los que no pueden orinar al llegar al box, a los numerosos problemas hepáticos que desaparecen con unos días de reposo…

Pero, volvamos a la influencia del peso del jinete sobre una columna vertebral sana.
Se ha observado en la disciplina de Turf que la posición de la silla podía modificar la acción del caballo con jinete. Varios caballos presentaban una forma de caja torácica que hacía que la cincha resbalara hacia atrás y, como consecuencia, también la silla.

Podéis hacer la prueba todos. Si la silla de vuestro caballo tiende a recular, no tenséis el pecho petral, contentaos con mantener la silla allí donde se queda, sin desplazarla a su posición “normal”. Observaréis que el animal se encuentra más suelto de hombros y que su gesto frente al obstáculo, o su tranco en el trote, son mejores. La explicación es sencilla si observamos la anatomía de la columna vertebral de nuestro amigo. Visto de perfil, la cima de la bóveda formada por la columna se encuentra en el punto más bajo de la espalda del caballo. En arquitectura, el punto más sólido de una bóveda es su cima.

Cuando el animal está ensillado demasiado cerca de la cruz, nos parece estar encaramados en el punto más alto, pero el tamaño de las apófisis espinosas de las vértebras de la cruz provoca que el peso del jinete sea ejercido por delante de la cima de la bóveda, lo que conlleva el hundimiento de la parte anterior y el desplazamiento de la curva de la bóveda hacia atrás. Esto provoca una compresión entre las propias apófisis ya nombradas y, como consecuencia, dolor y una contracción refleja de los músculos de la zona. Ni que decir tiene que las consecuencias se traducen en bloqueos articulares, luego en lesiones osteopáticas.

Cuando el peso del jinete se encuentra sobre la novena vértebra dorsal, posición habitual que corresponde a la base de la cruz, el dorso se contrae con relativa frecuencia, con el único fin de no hundirse.

Si, por el contrario, ese mismo peso lo colocamos sobre la duodécima o decimotercera dorsal, esto es, unos diez centímetros más atrás, los músculos tienen que realizar menos esfuerzo, ya que las fuerzas quedan mejor repartidas entre la parte anterior y la posterior. Esto hace que el espacio entre cada apófisis espinosa de la cruz sea más amplio, se reduce la compresión hasta su eliminación, para finalmente liberar la musculatura de los hombros. De esta forma, el gesto del caballo en su cuarto anterior será más amplio y efectivo, y todo su movimiento será mejorado.

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