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Trabajo “en contraposición”

Escrito el 2 noviembre , 2001 por Ningún Comentario

Decimos que un caballo trabaja “en posición” cuando, sobre un giro, mantiene la curvatura natural. Es decir, que se mantiene incurvado hacia la derecha cuando el giro es hacia esa mano, o a la izquierda cuando trabajamos en líneas curvas a mano izquierda. Cuando llevamos al caballo sobre una curva a una mano, dándole la colocación o la incurvación hacia el lado exterior, nos referimos al trabajo “en contraposición”. Veamos su utilidad.
La alternancia de la posición y la contraposición trabajando sobre círculos, serpentinas u otros ejercicios de trayectorias curvas, así como ejercicios en dos pistas, nos traerá múltiples beneficios sobre la preparación del caballo, beneficios sobre los que ahondaremos a continuación.

En primer lugar, es indudable que el trabajo, alternando las flexiones a un lado y a otro, nos ayudará a mejorar la flexibilidad del caballo. Hay que apuntar aquí que en ningún momento nos referimos a lo que vemos tan a menudo de “mover la cabeza del caballo” a un lado y otro, de forma indiscriminada y sin dar un objetivo concreto a cumplir por el empleo de una ayuda determinada o la adopción de una postura precisa.

En segundo lugar, vamos a mejorar la soltura general del caballo. Gracias a la mayor obediencia a la embocadura que nos traerá un buen empleo de esta técnica, nos mejorará la puesta en mano, a través de la cual la soltura del caballo, soltura general, se incrementará. Una buena puesta en mano “abre el camino a los posteriores”, de forma que pueden trabajar más debajo, aumentando la actividad y elasticidad del dorso.

En tercer lugar, podemos mejorar enormemente la rectitud. Si conocemos cómo hacerlo, o contamos con un entrenador que nos lo explique, el juego de posición y contraposición, nos abrirá la puerta a movilizar las espaldas respecto a la grupa, de manera que nos ayudará muchísimo en el enderezamiento de los caballos, especialmente de aquellos que tienen más acusado el problema de mantenerse ligeramente atravesados a un lado o a otro.

Evidentemente, de los párrafos anteriores deduciremos que, también, cuando trabajemos sobre este tipo de ejercicios, se verá afectado positivamente el equilibiro. Tanto la soltura, como el control transversal de caballo (el control de las espaldas es clave para ello) o el remetimiento de los posteriores son ingredientes obligados en la receta del equilibrio del caballo.

Otras virtudes
Para concluir, podemos hablar de los beneficios sobre el galope. La contraposición, ligera, sobre galope en firme nos será de gran ayuda para situar la espalda perfectamente delante de la grupa, enseñando al caballo a permanecer recto a galope.

Este mismo ejercicio realizado en círculo, de forma que galopando en firme demos una incurvación hacia el exterior, ayuda a mejorar la amplitud del galope en los caballos que tienden a realizarlo con los pies demasiado juntos.

Lo mismo hecho sobre galope en trocado, con la incurvación hacia el interior, alternando con lo descrito en el párrafo anterior, además de la mejora del galope en amplitud, de la flexibilidad y del equilibrio, nos dará un mayor control sobre los cambios de pie, mejorando, entre otras cosas, el que el caballo espere con calma a nuestras ayudas.

Globalidad
Como se desprende de lo escrito, hay que tener en cuenta que muchas de las cosas de las que hemos tratado están claramente interconectadas. Esto en equitación sucede casi siempre, y cuando trabajamos sobre un aspecto concreto hay que tener siempre en cuenta la globalidad del caballo, ya que seguro que lo que hagamos estará interactuando sobre otras cosas, y eso no debe pasarnos desapercibido.

Por último, hay que apreciar la utilidad de los cambios de colocación en los ejercicios en dos pistas. Además de ayudarnos a mejorar la amplitud en el gesto lateral de anteriores y posteriores, tanto en apertura como en cruce, nos mejorará la igualdad del contacto sobre ambas riendas, lo que nos traerá una mayor simetría en el movimiento.

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Las ayudas

Escrito el 6 septiembre , 2001 por Ningún Comentario

Entendemos como ayuda cualquier medio por el que el jinete se comunica con el caballo. Son los medios por los que nos hacemos entender y obedecer. Las ayudas deben tener la intensidad justa para obtener del caballo aquello que se le demanda y en la medida que pretendemos. Veamos cómo darlas y en qué momento.
Nuestra sensibilidad y la experiencia que vayamos acumulando nos dirán en qué momento intervenir con las ayuda, con qué intensidad debemos darla y en qué momento debemos cesar de aplicarla. Por lo general, son molestas para los caballos, por lo que vale la pena disminuir la intensidad en el momento en que obtengamos la respuesta deseada. Esta es la forma de cultivar la sensibilidad en el animal, disminuyendo la presencia de la ayuda cuando nos responde adecuadamente, y volviéndola a dar con más suavidad en ocasiones sucesivas. Abundando sobre este aspecto, hay que decir que el límite entre lo que es una ayuda y lo que el caballo puede considerar una corrección es, en ocasiones, muy sutil.

En general, hay que tender de las ayudas más burdas o groseras a las más delicadas, que pueden llegar a ser imperceptibles para el observador. Esa debería ser la meta, llegar a manejar a los caballos con ayudas prácticamente invisibles.

Evidentemente, la intensidad con que empleemos las ayudas dependerá fundamentalmente del temperamento del animal, así como de su grado de adiestramiento. Una de las cosas que demuestran precisamente ese grado de adiestramiento es hasta dónde se ha cultivado la sensibilidad del caballo para obtener una respuesta inmediata ante el mínimo estímulo.

Para llegar a este resultado es imprescindible alcanzar un alto grado de atención recíproca entre caballo y jinete. Ante todo, antes de hacer cualquier ejercicio, debemos tener un plan absolutamente preciso de lo que vamos a pedir al caballo. A partir de ahí cada pequeña iniciativa, por mínima que sea, que tome el caballo de forma que lo aleje de cualquiera de las premisas de nuestro plan original, debe ser corregida inmediatamente. Con ello le decimos, “yo quiero las cosas de esta manera, me doy cuenta de lo que intentas, no te lo permito”. Es decir; “Estáte atento a mis indicaciones”. Cuando llegamos a establecer esa comunicación, ese “hilo” constante entre nuestra cabeza y la del caballo, es asombroso a qué economía de esfuerzo físico se llega para obtener los mismos resultados.

Tipos de Ayudas
Para pedir cualquier ejercicio, siempre emplearemos una técnica determinada que incluya las tres ayudas. Nuestro tacto ecuestre nos dirá la combinación correcta de intensidades que daremos a cada una, para obtener el ejercicio de la forma que hayamos programado de antemano.

1. Ayudas con las riendas
Las ayudas que usamos más comúnmente con las riendas son:
- Ayudas de conducción: es la rienda que abrimos ligeramente para indicar al caballo al dirección que debe tomar, además de hacerle tomar la incurvación que necesitemos para ese giro o el ejercicio que sea.
- Ayudas de contención: es fundamentalmente la rienda exterior en todos los ejercicios que implican incurvar al caballo. Esa función es doble. Por un lado, limita la flexión lateral que damos con la otra rienda y, por otro, hace de pared al exterior de lo que deseamos. La mano que actúa con esa rienda debemos mantenerla pegada al cuello del caballo.
- Ayudas de retención: es una ayuda que se da en diferentes grados, desde una ligera presión de los dedos, a cerrar el puño, implicar la muñeca o incluso todo el antebrazo. Sirve para reducir el ritmo, hacer transiciones, medias paradas, etc.
Se utiliza también con los caballos que pesan en la mano. Es importante que el jinete suavice la mano en el mismo momento en que, como efecto de su acción, el caballo se libere en alguna medida de la presión de la embocadura, volviéndose más ligero.
Cualquier acción de las riendas debe ir seguida de una cesión, en el momento en que obtengamos del caballo aquello que le estamos demandando. Asimismo, siempre deben ir acompañadas de la acción impulsora de las piernas y del asiento cuando fuera preciso.

2. Ayudas con las piernas
Las piernas tienen función de impulsión, contención y desplazamiento lateral.
Impulsamos cuando presionamos la pantorrilla sobre el lugar donde la llevamos normalmente, es decir, detrás de la cincha. La presión de cada pierna activa directamente el remetimiento del pie del mismo lado del caballo.
Contenemos, como hacíamos con la rienda exterior, cuando colocamos la pantorrilla una mano más atrás de su lugar habitual. Dando la presión adecuada esta ayuda logrará que la grupa del caballo no “derrape” hacia el exterior en los círculos, por ejemplo, haciendo que los pies del caballo sigan la trayectoria por donde anduvieron las manos.

Si, con la misma colocación, aumentamos la presión, llevaremos al caballo a desplazarse lateralmente hacia el lugar contrario de la pierna con la que actuemos.

3. Ayudas con el peso
En cuanto a las ayudas de peso se distinguen tres clases:
Actuar con nuestro asiento repartiendo el peso por igual. Esta ayuda que damos estirando el torso, tensando la musculatura de la espalda y colocando el cuerpo muy ligeramente tras la vertical, en combinación con las piernas que impulsan, invita a los posteriores a remeterse, avanzando bajo el caballo.
También podemos actuar con el asiento de forma que carguemos más peso sobre un isquión que sobre otro. En los giros, esta ayuda es un soporte para las demás, ya que aumenta la tendencia del caballo a ir en la dirección de nuestro peso.
Por último, podemos aligerar el peso. Esta ayuda se da inclinando ligeramente el tronco hacia adelante, sin despegar el asiento de la montura, de forma que aligeramos el peso sobre el dorso del caballo, transmitiéndolo más sobre los estribos. Se utiliza en la monta de caballos jóvenes y en la monta sobre cavalettis.

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La media parada

Escrito el 6 agosto , 2001 por 1 Comentario

Tres jinetes de reconocido prestigio en distintas épocas. Tres definiciones sobre la media parada, y nuestro análisis sobre las diferencias. Vamos a ahondar un poco en la ejecución de este ejercicio, con la ayuda de Decarpentry, Hester y Podhajsky.
De la mano del General Decarpentry, Carl Hester y Alois Podhajsky, nos adentramos en tres visiones personales sobre la ejecución de la media parada. En ellas hay diferencias sustanciales que detallamos a continuación: para Decarpentry, no usamos las piernas en la media parada en sentido de empujar. Para Hester, empleamos el asiento empujando con él, y para Podhajsky, utilizamos sólo la pierna y la mano.
Usemos la combinación que usemos, lo importante es que siempre sea la misma y que nuestras ayudas de retención nunca bloqueen el dorso o actúen haciendo perder actividad a los posteriores.

Personalmente, utilizo la pierna y la mano para la media parada, reservando la ayuda del asiento para aumentar el movimiento hacia adelante. En caballos con tendencia a frenar excesivamente los pies, o a bloquear el dorso, primero actúo con el asiento y la pierna, dándole la clara idea de ir adelante, para luego hacer la media parada con la pierna y la mano, manteniendo el asiento relajado.

Me gusta hacerlo así, porque es una forma de aclarar al caballo cuando queremos más energía en reunión y cuando la queremos con el desarrollo de movimiento adelante. De esta manera, aclaramos, por ejemplo, las diferencias entre piafar y passage, o entrar y salir de una pirueta a galope. En los dos primeros casos empleamos la pierna y la mano, con un asiento pasivo y relajado, y en los dos segundos activamos el movimiento adelante con nuestro asiento.

General Decarpentry

La media parada es un movimiento firme hacia arriba sobre las riendas tensas, con los dedos bien cerrados, rápidamente seguido por una progresiva apertura de los dedos y cesión de la mano. Esta acción es análoga a levantar una piedra pesada del pie de una escalera, y depositarla suavemente en uno de los escalones, sin dañar la superficie y sin hacer ruido.

Carl Hester

La media parada es una señal al caballo de que algo va a ocurrir. Es casi una suave restricción, mientras retenemos la energía que viene de atrás, para hacer que el caballo se siente y reúna, en vez de tirar de delante.

Dura justo un tranco, no hay que mantenerla durante cuatro, lo que suele ser un factor que debilita las transiciones. La media parada en sí misma tiene un efecto de reunión o de recoger. Es casi como el cambio de marchas en la preparación para la transición. Estas son las ayudas que trabajan por igual a la media parada.

1.- La pierna: sólo es efectiva si el caballo sabe lo que significa. Debería contestar rápidamente a una ayuda ligera de piernas, pero eso sólo ocurre si entiende que la pierna significa ir adelante, por lo que, el resto del tiempo, la pierna del jinete debería estar relajada en su sitio, en vez de agarrada a los flancos del caballo o molestándolo cada tranco.

2.-El asiento: Un asiento flexible se mueve con el caballo, permitiendo que su dorso respire bajo el jinete. Cuando un jinete que va con el movimiento se sienta un poco más profundo, el caballo reconocerá esto como una señal para sentarse y esperar.

3.- Las manos: Un contacto suave con los dedos que permiten ir adelante, hacen que el caballo se lleve a sí mismo y no se cuelgue de la mano del jinete o huya de ella. Cuando el caballo siente una suave restricción sobre las riendas, responde ajustando su peso y sentándose.

Alois Podhajsky
En las medias paradas se emplean las mismas ayudas que la parada, es decir, las riendas y las piernas del jinete, pero estas ayudas deben dejar de actuar cuando se haya obtenido el resultado deseado.

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Series de cambios de pie

Escrito el 30 junio , 2001 por Ningún Comentario

Para llegar a pedir los cambios de pie en serie, primero debemos estar seguros de que controlamos perfectamente los cambios de pie sueltos.
Debemos ser capaces de pedir un cambio suelto en cualquier punto de la pista, de firme a trocado o de trocado a firme a ambas manos, poder hacerlo también en una diagonal o, incluso, en un círculo. Cuando sea capaz de lograr los cambios sueltos a voluntad y sin problemas, podremos pedir las series de cambios.

Aquí no hablamos de cómo enseñar al caballo a cambiar, sino de cómo pedir las series de cambios y de cuales son las condiciones, descritas en los párrafos anteriores, que debe cumplir el jinete antes de atreverse con este ejercicio.

Uno de los problemas básicos que encontramos cuando empezamos a pedir series de cambios es el de contar. Contar entre cada dos cambios los trancos de galope que debemos dar, y contar el número de cambios de pie que haremos dar al caballo en esa serie.

En las reprises siempre se da un número impar de cambios de pie, ya que las series se ejecutan casi siempre sobre una diagonal y sólo así se puede acabar a la mano correcta. Las más sencillas son de tres cambios cada cuatro trancos, y las más complicadas las de quince cambios al tranco. Entre ambas hay múltiples posibilidades.

El sistema para contar los cambios y el número de trancos que damos en medio podría ser el siguiente. Supongamos que queremos hacer una serie de cinco cambios cada cuatro trancos. Primero decidimos en qué tranco pedir el primer cambio de pie, y a partir de ahí contamos mentalmente:

Uno,dos, tres, cuatro
Dos, dos, tres, cuatro
Tres, dos, tres, cuatro
Cuatro, dos, tres, cuatro
Cinco

(Subrayando indicamos cuando pedimos cada cambio)

Como las series deberían presentarse de forma que el cambio central quedará en X (el cambio central sería en una serie de cinco cambios, el tercero, en una de siete, el cuarto, en una de nueve, el quinto, etc.), tenemos que calcular cuántos trancos nos conviene dar al entrar en la diagonal, antes de pedir el primer cambio.

Cuando empezamos a pedir cambios es conveniente no pedir series con los cambios más juntos hasta que no controlemos las más sencillas. Cuando seamos capaces de pedir a cuatro con soltura y sin fallos, pasaremos a tres, luego a dos y finalmente al tranco.

Es una forma de no sólo asentar la forma de pedir el ejercicio en nosotros, sí no de no confundir al caballo o enseñarle a que aprenda a defenderse.

Cambios al tranco
Cuando llegamos a los cambios al tranco, la cosa se complica. Es un ejercicio que requiere seguridad, destreza, rapidez y una gran coordinación por parte del jinete.

La mejor forma de empezar es, ya suponiendo que dominemos los cambios a dos trancos, dar sólo dos cambios al tranco, preferiblemente en pista interior, en un lado largo de la pista y no cerca de las esquinas, de firme a trocado y de trocado a firme.

Debemos concentrarnos en el ritmo del galope y marcarlo en nuestra cabeza como si lleváramos un metrónomo dentro, tac-tac-tac-tac… Para pedir los dos primeros cambios al tranco daremos las ayudas exactamente siguiendo ese ritmo que tenemos en la cabeza, tac-tac. Debemos hacerlo así, porque en los cambios al tranco no podemos esperar a ver el resultado de la ayuda al primer cambio, ya que llegaríamos tarde al segundo. Es una cuestión realmente de ritmo.

Una vez logrado a una mano, repetiremos el mismo ejercicio a la otra. Cuando logremos el resultado igual a ambas manos, podremos empezar a pedir tres cambios en la diagonal. Como ya tendremos la habilidad de pedir los dos primeros, centraremos nuestra atención en el tercer cambio. Luego, poco a poco, podemos incrementar el número de cambios.

Es importante que, en el momento en que sintamos que nos perdemos, no insistamos en pedir más. Vale la pena parar, ordenarse y volver a empezar. También debemos tener decidido de antemano cuántos cambios vamos a dar antes de comenzar la serie.

Insistimos, una vez más, en que sólo hemos querido dar unas notas útiles para jinetes que quieren aprender sobre los cambios de pie en series, montando caballos que sepan hacerlo.

Serie de cambios al tranco
En las imágenes de la izquierda se ha tratado de captar con toda nitidez una serie al tranco sobre la que podemos extraer diferentes aspectos:

 En las fotos 1, 2 y 3 se observa el primer cambio a la derecha. En la foto 1, la pierna derecha comienza a desplazarse atrás y en la 2, en mitad del cambio de pie a la derecha, da la orden de cambio de pie a la izquierda. Cuando el caballo completa el cambio a la derecha, foto 3, ya ha recibido la orden del próximo cambio y se dispone a darlo. Se observa, además, en la misma imagen, cómo su posición es absolutamente recta, cuando las anteriores era ligerísimamente a la derecha.

 En la foto 4 completa el tranco a la derecha y comienza el cambio a la izquierda, adelantando el posar del pie derecho respecto al izquierdo.

 En las fotos 5, 6 y 7 se observa el cambio a la izquierda. En las 5 y 6 se ve la ligerísima colocación a la izquierda de la frente del caballo. En la 7, final del cambio a la izquierda, ya está totalmente recto. A partir de la 8 y durante las 9 y 10 volvemos a observar la ligerísima posición a laderecha durante el cambio a esa mano.

 Si pudiéramos ver la foto 6 del otro lado, veríamos la pierna izquierda del jinete pidiendo el nuevo cambio a la derecha.

 Podemos apreciar, de nuevo, ese mismo gesto en la foto 9, justo en la mitad del cambio a la derecha, cuando se está pidiendo con la pierna derecha el nuevo cambio a la izquierda.

 Al final, en la foto 10 acaba el cambio a la derecha y en las 11, 12 y 13 vemos un nuevo cambio a la izquierda.

 Para recapitular, vale la pena observar cómo se da la ayuda de cada nuevo cambio en la mitad del cambio anterior, como habíamos comentado en el texto de presentación, sin esperar el resultado de la ayuda, y los ligerísimos cambios de posición lateral que da el caballo de un cambio a otro.

 Por último, podemos observar la foto 14 en la que se aprecia claramente el momento de suspensión. Ese es, precisamente, cuando todo el caballo está en el aire, el momento donde se verifica el cambio de distribución de galope en los cambios de pie.

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El paso

Escrito el 11 junio , 2001 por Ningún Comentario

El paso es un aire natural, simétrico, andado, diagonal y basculado en cuatro tiempos.

Todos los conceptos anteriores se explicaron cuando hablamos del galope, excepto el de andado.

Andado o marchado quiere decir que siempre tiene alguna extremidad (de hecho, en el paso, dos o tres al mismo tiempo) en contacto con el suelo.
Esa calidad de ser andado o marchado es lo que lo hace más cómodo, ya que al no ir dando saltos sobre el suelo, como sucede a trote o a galope, nos permite sentarnos sobre el caballo sin rebotar sobre la montura.

El Reglamento dice…
Se distinguen tres tipos de paso, atendiendo a su amplitud y grado de reunión: el paso reunido, el paso medio y el paso largo. En doma se habla también de paso libre: es el que ejecutamos con las riendas largas.

Paso reunido: El caballo (…) marcha resueltamente hacia delante, con el cuello sostenido y arqueado. La dirección de la cabeza se aproxima a la vertical (…). El aire del caballo permanece marchado y enérgico, con una sucesión regular del apoyo de las extremidades. Cada batida cubre menos terreno que en el paso medio, es más elevado (…). El paso reunido es más corto que el paso medio (…) pero es más activo.

Paso medio: Es un paso franco, regular y suelto con una amplitud media. El caballo (…) marcha enérgicamente, pero con calma, con un paso igual y decidido. Los cascos posteriores pisan delante de las huellas de los anteriores.

Paso largo: Al paso largo, el caballo cubre el máximo de terreno posible, pero sin precipitación y sin alterar el ritmo de las pisadas. Los cascos posteriores sobrepasan ampliamente por delante de las huellas de los cascos anteriores. El jinete permite al caballo extender su cuello y adelantar la cabeza, pero sin perder nunca el contacto con la boca.

Paso libre: Es un aire de descanso en el que se da al caballo entera libertad para extender su cuello y bajar la cabeza.

Ambladura
Cuando hacemos doma oímos, muchas veces, que el caballo “lateraliza” o que “ambla”.
La lateralización se produce cuando el caballo adelanta el levantamiento de la mano, de forma que se lleva a cabo antes de que el pie del mismo lado casi la alcance, como vemos en las imágenes.

Es decir, en un paso con una mecánica correcta, como el de las fotografías, el levantamiento de cada mano debe producirse justo antes de que el pie de ese lado la alcance.
La ambladura es la máxima expresión de la lateralización del paso. O sea, mueve el pie y la mano del mismo lado al unísono, caminando como lo hacen los camellos.

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A galopar, a galopar…

Escrito el 13 mayo , 2001 por 1 Comentario

Siguiendo con el artículo anterior, donde hablé sobre unas generalidades sobre los aires y, particularmente, sobre el trote, voy a hacerlo hoy sobre el galope. Este es un aire natural, asimétrico, basculado y diagonal, que se ejecuta en tres tiempos.
Para refrescar conceptos, decimos que el galope es natural porque el caballo lo utiliza en libertad para moverse. Es saltado, porque hay un momento en el que queda en el aire. Es asimétrico, porque el gesto de cada extremidad no se repite igual por su congénere. Además, admite dos distribuciones diferentes, esto es: dos maneras distintas de asociar sus patas para galopar, según galope a la izquierda o a la derecha.

Es también un aire basculado, porque el caballo bascula de atrás a adelante cada tranco y lo hace, además, diagonalmente de un pie a la mano contraria. Finalmente, decimos que es diagonal porque pisa con un diagonal entre las batidas del otro.

Hemos hablado de que el galope admite dos distribuciones. Decimos que el caballo galopa a la derecha cuando adelanta más las patas de ese lado que las de la izquierda y que galopa a la izquierda cuando son estas las que avanza más, respecto a las diestras.

Si decimos que…
Se habla de que un caballo “galopa bien” cuando lo hace con la distribución correspondiente al sentido de giro. Me explico: cuando yendo a mano derecha, adelanta más las extremidades derechas que las izquierdas.

Cuando decimos que galopa “al revés”, significa que lleva la distribución contraria al sentido de giro. Es decir, que yendo a mano derecha, adelanta más sus extremidades izquierdas. También galopar en trocado es galopar “al revés”. Pero aquí la diferencia está en que contamos que es por voluntad del jinete.

Otra expresión que solemos oír es que galopa “desunido”. Esto significa que los posteriores se mueven con una distribución de galope y los anteriores con la contraria.

Clasificación
El galope se clasifica de menor a mayor amplitud en: galope reunido, galope de trabajo, galope medio y galope largo.

En el galope reunido se pueden dar diversas formas de ejecución, que alterarían las fases y tiempos que describimos. Una de esas alteraciones sería la total supresión del tiempo de suspensión, entre otras varias.

En el galope largo también se suelen dar alteraciones, como la disociación del diagonal que debe pisar unido produciéndose entonces cuatro claros tiempos.

Por lo demás, el Reglamento de Doma Clásica de la Real Federación Hípica Española dice, entre otras cosas:
 Galope reunido: En el galope reunido el caballo (…) se desplaza con el cuello elevado y arqueado. Este aire se caracteriza por la ligereza del tercio anterior y el remetimiento del posterior, (…) y las caderas muy activas. Los trancos del caballo son más cortos que en otros tipos de galope (…).

 Galope de trabajo: Es un aire intermedio entre el galope reunido y el galope medio. En este aire, un caballo que no está entrenado ni a punto para los movimientos reunidos (…) marcha hacia adelante con trancos iguales, ligeros y cadenciados, permaneciendo activas las caderas.

 Galope medio: Es un aire intermedio entre el galope de trabajo y el galope largo. El caballo marcha hacia adelante decididamente (…), alarga moderadamente sus trancos con una franca impulsión que procede del tercio posterior. El jinete permite a su caballo (…) colocar la cabeza en una posición ligeramente más adelante de la vertical que en el galope reunido y en el galope de trabajo. Al mismo tiempo, le permite descender ligeramente la cabeza y el cuello. Los trancos deben ser amplios y lo más regulares posibles (…).

 Galope largo: (…) El caballo cubre el máximo de terreno, conservando el mismo ritmo, alarga sus trancos al máximo (…). El jinete permite a su caballo (…) que descienda la cabeza y alargue el cuello (…).

Secuencia de galope

Para hacerlo de una forma que valga para ambas manos, suponiendo que el caballo “galope bien”, la secuencia sería la siguiente:

1ª fase: Pisa el pie exterior. Es el primer tiempo de galope.
2ª fase: Manteniendo el pie exterior en el suelo pisa el diagonal exterior (pie interior- mano exterior). Se produce el segundo tiempo.
3ª fase: Levanta el pie exterior.
4ª fase: Manteniendo el diagonal exterior pisa la mano interior. Es el tercer tiempo.
5ª fase: Manteniendo la mano interior levanta el diagonal exterior.
6ª fase: Levanta la mano interior y queda en el aire, produciéndose el momento de suspensión.

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La preparación física del jinete

Escrito el 25 abril , 2001 por 1 Comentario

En la práctica de las distintas disciplinas ecuestres, de cara a la preparación, es muy frecuente polarizar toda nuestra atención en el caballo: su entrenamiento, doma, alimentación… etcétera, y pocas veces nos acordamos del jinete. No debemos olvidar que para la práctica de nuestro deporte hay que contar con dos protagonistas: el binomio hombre-caballo.
La preparación, con el fin de conseguir óptimos resultados, es necesaria tanto para el caballo como para el jinete. En todo deporte es necesario un plan de entrenamiento físico que se adapte a la disciplina que practiquemos. De esta forma, no sólo desarrollaremos las aptitudes necesarias para el deporte practicado, algo necesario para conseguir una progresión en él, sino que evitaremos lesiones y traumatismos propios de la práctica de este (en nuestro caso, la equitación), que inevitablemente van a entorpecer el desarrollo deportivo no sólo del jinete, sino también del caballo.

Según el doctor Auvinet (Reumatólogo y Especialista en Medicina Deportiva), presidente de la Comisión de Investigación de la Federación Francesa de Equitación, a la pregunta de qué micro-traumatismos provoca la práctica de la equitación, contesta que “los dolores de abductores se reparten entre tendinitis y roturas musculares, y los sufren todos los jinetes, principiantes, expertos y profesionales. Las tendinitis aparecen tras sesiones intensivas, sobre todo si en ellas se incluyen largas sesiones de puesta en silla sin estribo. Las roturas musculares se producen sobre todo en jinetes profesionales, cuando se ven forzados a contraer brutalmente las piernas ante un obstáculo o ante reacciones bruscas del caballo. En cuanto a las lesiones de espalda, suelen deberse a problemas lumbares”.

Estos dolores en los principiantes, en los cuales se acusa una falta de preparación, se traducen en la dificultad de adquirir una postura correcta, indispensable para su progresión. Los dolores provocados por micro-traumatismos se van a sumar a los provocados por posturas forzadas y las contracturas que se dejarán sentir en el jinete durante varios días después de montar.

No debemos olvidar que en la equitación existe un gran desgaste energético, equiparable al que hay en deportes como la natación o el baloncesto, actividades cuya preparación física nadie cuestiona. Referente a esto, el investigador italiano Dal Monte estudió el esfuerzo de los jinetes de Salto a través de su frecuencia cardiaca y de su concentración de ácido láctico. El seguimiento que se realizó a tres jinetes, dos campeones olímpicos y un principiante, dio como resultado pasar de 70 pulsaciones por minuto en el inicio de una prueba de saltos, a 170 al final de ella el sujeto “A”. El sujeto “B”, mejor preparado físicamente, empezó la prueba con 72 pulsaciones por minuto y su frecuencia cardiaca no superó las 130 pulsaciones. También se observó que los niveles de lactacidemia eran menores que en el primero. El tercer participante, el sujeto “C”, al ser un principiante, realizó la prueba sin obstáculos y llegó a las 175 pulsaciones. Esto nos confirma la importancia de una buena preparación física enfocada al deporte ecuestre.

E. Esparza (entrenador del Equipo Olímpico Nacional), en unos estudios realizados durante varios entrenamientos y competiciones de doma (entre los que contamos el Campeonato de España), midiendo con pulsómetro el esfuerzo de los jinetes observó en una reprise que los jinetes se mantenían entre las 160 y 180 pulsaciones por minuto, sobrepasando las 200 en bastantes ocasiones.

Todos estos datos nos llevan a buscar una buena preparación física, y como nos dice Alegría Marsal en su libro “Preparación física del jinete”, “la actitud física implica la máxima capacidad funcional de todos los sistemas del cuerpo, especialmente el cardiovascular y el locomotor. Esto significa que hemos de trabajar casi diariamente la resistencia cardiovascular, la fuerza, la flexibilidad, la velocidad y la resistencia muscular local. La práctica de un deporte en concreto (en nuestro caso la hípica), no garantiza un equilibrio de las cualidades anteriormente expuestas. Conviene saber cuáles son las cualidades específicas requeridas en cada deporte o actividad física a la hora de planificar los ejercicios de mantenimiento y entrenamiento”.

Entrenamiento diario
Debemos ser conscientes de cuáles son las partes del cuerpo que tenemos que trabajar y, para un entrenamiento básico diario, que sería de diez a quince minutos de calentamiento, empezaríamos con una carrera suave subiendo los talones, combinándola con fases de carrera lateral, saltos con los pies juntos, carrera de zancada corta elevando a la vez las rodillas con movimientos simultáneos de brazos.

Después, diez minutos en los cuales trabajaremos los abdominales, los lumbares y flexiones de brazos. Al acabar de montar, haremos unos ejercicios de estiramientos colgándonos de una barra durante diez segundos y trabajando los abductores en posición de sentados acercando los talones hacia el cuerpo e intentando tocar con las rodillas el suelo. Los cuadriceps los trabajaremos erguidos cogiendo el pie y manteniéndolo junto a los glúteos durante diez segundos. Después, en la posición erguida, también flexionaremos el cuerpo hacia delante intentando tocar con las palmas de las manos el suelo.

La práctica habitual de estos ejercicios de calentamiento y estiramiento, antes y después de montar, van a facilitar nuestra progresión deportiva y a evitar lesiones que pudieran entorpecer nuestra actividad hípica. Al mismo tiempo que nos ayudará a disfrutar de nuestro deporte.

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Los aires del caballo

Escrito el 10 abril , 2001 por Ningún Comentario

Existen muchas definiciones para los aires del caballo. A partir de ahora hablaremos sólo del paso, trote y galope en condiciones ideales, aunque, en realidad, pueden existir infinitas variaciones en la sucesión de las pisadas que, un ojo poco avezado, puede no captar con facilidad.
Hay multitud de definiciones para explicar lo que son los aires del caballo. De todas formas, vamos a decir que son las diferentes maneras en que agrupa sus miembros para desplazarse. Podría decirse que es una definición pobre y casi incompleta, porque, además de mover las patas, mueve muchas más cosas que se implican en el aire, dándole además calidades muy diversas. Hablamos por ejemplo del dorso, del cuello…

Quiero decir también aquí que sólo daremos lo que será el paso, trote y galope en condiciones ideales. En la realidad pueden existir infinidad de pequeñas variaciones en la sucesión de las pisadas, que se dan con mucha frecuencia. Esas variaciones no son generalmente perceptibles para un ojo que no esté lo suficientemente avezado y, aún en ese caso, se pueden escapar. Pero las fotografías no engañan, y en ellas quedan reflejadas. Aunque no entraremos en ello, mostraremos algunas fotografías curiosas que ilustrarán de lo que hablamos. Pero, demos unas pequeñas definiciones para poder entrar luego en materia.

Decimos que el paso, trote y galope son aires naturales, porque son los que emplea el caballo en libertad para moverse de un lado a otro.

Estos aires pueden ser marchados o andados (que es lo mismo), o saltados. En el primer caso, siempre hay alguna extremidad en contacto con el suelo. En el segundo, se produce un instante en el que el caballo está en el aire.

Pueden ser también simétricos o asimétricos. En los simétricos, el gesto de cada extremidad es repetido exactamente igual por la extremidad que tiene al lado. En los asimétricos no sucede así.

Cuando los aires naturales no son defectuosos, son siempre diagonales, es decir: las patas se asocian en bípedos (pares de patas) diagonales.

Por último, se dividen también en horizontales o basculados. En los horizontales, el caballo se mantiene siempre en ese plano horizontal. En los basculados, se ayuda basculando para progresar.

Siguiendo con estas pequeñas definiciones, llamaremos tiempo al hecho de tomar contacto con el suelo una extremidad o un grupo de extremidades asociadas. Diremos que se produce una fase cada vez que se levanta una extremidad o grupo asociado de extremidades, o cada vez que se posan en el suelo. De forma que cada tiempo es una fase, pero no cada fase es un tiempo. Lo veremos con más claridad en las fotografías.

El trote y sus fases
Se trata de un aire natural, saltado, simétrico, horizontal y diagonal que se efectúa en dos tiempos iguales.

Consta de cuatro fases:
1ª fase y 1º tiempo: apoya y se impulsa sobre el bípedo diagonal derecho (foto 5).
2ª fase: momento de suspensión, con las cuatro extremidades en el aire (foto 6).
3ª fase y 2º tiempo: apoya y se impulsa sobre el bípedo diagonal izquierdo (foto 7).
4ª fase: momento de suspensión, con las cuatro extremidades en el aire (foto 8).
A continuación, se repetiría el primer tiempo, y así sucesivamente.

Se distinguen cuatro tipos de trote de menor a mayor amplitud. El reglamento de la RFHE dice en su artículo 4:
4.1) El trote reunido (…) avanza decididamente, con el cuello elevado y arqueado. Los corvejones, francamente remetidos, mantienen toda la impulsión, permitiendo así a las espaldas manejarse fácilmente en todas direcciones. El caballo da trancos más cortos que en los otros trotes (…).
4.2) El trote de trabajo. Es un aire intermedio entre el trote reunido y el trote medio (…) marcha hacia delante (…) permaneciendo muy activas las caderas. La expresión “caderas activas” no significa que la reunión sea obligatoria en este aire.
4.3) El trote medio (…) es un aire intermedio entre el trote de trabajo y el trote largo, pero más elevado y “redondo” que el largo.
4.4) El trote largo.En el trote largo, el caballo cubre el máximo de terreno. Manteniendo el mismo ritmo, alarga sus trancos al máximo (…)

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