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Camacho Benítez: productos que “funcionan”

El último Campeonato de España escribió con letras grandes nombres que no deben caer en el olvido. Son los “padres” de los actuales campeones, ganaderos de siempre que, en nuestros últimos números, aprovechamos para conocer mejor, intentando descubrir sus secretos de cría. Granito a granito, quizás algún día tengamos más claros los requisitos para ser el mejor. Hoy desmontamos a Camacho Benítez.
El invierno es duro en la Subbética cordobesa. Que se lo pregunten a Rafael Camacho, que ha de cuidar con mimo su ganadería, en plena sierra, con diez o doce grados bajo cero en el termómetro, a más de mil metros sobre el nivel del mar. Los veranos son también frescos, por supuesto no tanto, y la complicada orografía va añadiéndole puntos al marcador de las dificultades de este terreno. Así salen los caballos: rústicos, fuertes, equilibrados en sus movimientos y en su cabeza, adaptados al hábitat en el que viven.

Cabra, junto con Almedinilla, Benamejí, Carcabuey, Doña Mencía, Encinas Reales, Fuente Tójar, Iznájar, Lucena, Luque, Palenciana, Priego, Rute y Zuheros, conforman este paisaje cordobés que, además, tiene el privilegio de contar con uno de los Parques Naturales más ricos de toda Andalucía.

Rafael Camacho nació precisamente en Cabra, aunque su familia procede del pequeño Carcabuey, a veinte kilómetros. Se crió entre ambos pueblos, con largas estancias en la finca “Cueva de la Torca”. “Creo que, desde aquellos años, mi destino quedó ligado para siempre a la ganadería”, reconoce.

Ventura Benítez, bisabuelo de Rafael, era, a comienzos del siglo XX, quien regía esas tierras y esa ganadería. De los años 60, donde llega la memoria de Camacho, quedan los reflejos de aquella progresiva mecanización del campo y de la desaparición de muchas yeguadas, carentes ya de negocio. Ventura Benítez plantó cara al temporal, con cuatro yeguas y un cliente asiduo, el ejército, que compraba caballos para las escoltas y para el arma de caballería. Los oficiales preferían entonces ejemplares cruzados, lo que le llevó a cubrir sus yeguas con sementales Árabes, Angloárabes…

Con la compra, en 1972, de dos yeguas inscritas en el registro, “Guapita III”, del hierro de Vara Mira, y “Diadema”, del de Millán, se abrió una nueva línea. El ganadero se entretiene en anécdotas: “Yo recuerdo que llevaban a las yeguas de reata a la parada de sementales de Lucena, a unos veinte kilómetros de la finca. Después de cubrir, el yegüero les quitaba el cabezón y las hembras llegaban a la finca antes que aquel hombre, que volvía en autobús”. Rafael Camacho combina la profesión de ganadero con la de farmacéutico, y para colmo también esto último lo es por tradición. Así las cosas, no ha dudado en aprovechar el mestizaje identificando a sus caballos con originales nombres de plantas. Lo que no impide que detrás de un “Gnidium”, de un “Diantus”, de un “Zam”… se encuentren caballos “poderosos”, según los describe el propietario, “con caja, hueso y cascos que se muevan, y empuje en los posteriores”. Dice que, para ello, selecciona sementales que cumplan estas premisas y luego les da el manejo adecuado a los productos. “Desde que nacen, viven en libertad, en un lugar donde las pendientes son fuertes, donde tienen que andar entre piedras, por veredas inverosímiles. Esto les hace ejercitar su musculatura y su equilibrio desde un primer momento. En un hábitat tan selectivo, el que no se adapta muere o se inutiliza”.
Rafael Camacho busca sementales de otras ganaderías que cumplan con estos requisitos, que además sean tordos, que tengan buen paso y un galope fácil. “Mis yeguas”, dice, “tienen mucha consanguinidad entre ellas, ya que son descendientes de dos hembras y muy pocos sementales. Salvo excepciones, no cubro con sementales de nuestro hierro”. En la finca, normalmente, tiene quince yeguas de media, porque le parece la cantidad adecuada para su manejo. Se sincera: “Son 650 hectáreas y cabrían muchas más, pero es por el personal, las instalaciones, mi dedicación…”.

Construyendo futuro
Rafael Camacho, aficionado de pies a cabeza a la Doma Clásica, analiza las posibilidades de nuestra raza y termina echando en falta un poco de fuerza en los posteriores y un buen paso en muchos caballos. “Aunque bien es cierto que, cada vez más, en los concursos se encuentran mejores ejemplares”. El PRE, para él, tiene identidad propia, “belleza, docilidad, es espectacular en sus movimientos y esto le hace diferente”.

Volcado totalmente, como asegurábamos antes, en la Doma, tiene caballos concursando dentro y fuera de nuestro país. Muchos ya no son propiedad suya, porque los ha ido vendiendo, lo que responde a su idea de que “nuestra misión es criar buenos caballos y nuestro orgullo, que triunfen en la disciplina para la que se les seleccionó”. También tiene caballos jóvenes concursando, “hay que probarlos para ver si vas por la línea adecuada”. Entre ellos, está “Kefir 7″, que con cinco años “ha ganado todos los concursos en los que participó este año pasado”.

Aunque parezca mentira, el mercado extranjero es la asignatura pendiente de este ganadero. “Hay caballos y yeguas de nuestro hierro en Europa y América, pero sigue siendo difícil para mí abrir los canales internacionales”. Es avanzar y crecer lo que busca Camacho, que, por otra parte, tiene bien claro lo que necesita para alcanzar el más alto nivel. “Son tres los pilares: el caballo debe tener buenos y amplios movimientos en sus tres aires, equilibrio mental, y fortaleza física y mental para aguantar la presión de la doma. El segundo aspecto es el jinete, que tiene que ser bueno técnicamente, equilibrado, paciente, constante y consciente de su inteligencia y entendimiento con el caballo. El tercero lo conforma el tiempo. La Doma Clásica es una disciplina de constancia, de pasos lentos y correctos”.

Los caballos
La Ganadería Hermanos Camacho Benítez se fundó con las yeguas “Guapita III” y “Diadema”, además del semental “Exprés”, perteneciente a un criador cordobés, Illescas Melendo, que tuvo productos tan destacados como “Albus”, vendido a la REAAE, o “Sagitario”, que fue semental en las cuadras de Álvaro Domecq.
“Exprés” era, según Rafael, “bello y elegante en sus movimientos, lo que nos aportó un toque distintivo”.

Otro de los que dejó huella en la ganadería fue “Pestillo”, de Yeguada Militar, fuerte y con gran corazón. “Su hija “Dafne” fue Campeona de Funcionalidad en SICAB’92 y su hija “Danica” repitió el título al año siguiente y fue medalla de oro”. “Delfinium” y “Diantus”, ambos luego en la REAAE, y “Talismán”, del hierro del Sol, o “Montijano”, padre de “Impaciente II”, “Iberis” o “Iles”… son otros de los nombres que pasea el ganadero con orgullo.

Hasta el verano de 2004, Rafael Camacho contaba con tres sementales: “Gnidium”, “Zam” y “Talismán”, los tres tordos, aunque esto, para el ganadero no es una premisa. “El pelo es una cosa superflua y para nada influye en la calidad de un buen caballo”, afirma. El último de los nombrados falleció con 22 años. Cuando pertenecía al Depósito de Sementales, fue Campeón de España de Enganches en varias ocasiones, con Juan Robles. Sus hijos triunfan ya en Doma Clásica: “Iles”, “Impaciente”, “Iberis”… harto conocidos. “Ocuparon los tres primeros puestos en la final de seis años de SICAB’03. “Impaciente”, además de Subcampeón de la Raza y segundo en la San Jorge de Doma en SICAB’04, fue tercero en el Criterium de la final del Campeonato de España de Doma Clásica”, amplía el ganadero.
2004 ha sido también fructífero, por otra parte, para “Gnidium”, del propio hierro VB. “Con nueve años fue primero en el CDNB de Carmona, tercero en el CDNA de Marbella, primero en el CDNA de Montenmedio, segundo en el Criterium del Cto. de España y primero en la final de SICAB, en nivel San Jorge”.

El último de los sementales, “Zam” es un caballo de nueve años, “del hierro del 7, García Romero, cedido por su dueño a la ganadería. No concursa, por una lesión que tuvo de pequeño”, finaliza nuestro entrevistado.

La competición nacional de la Clásica no se le escapa a Rafael Camacho. La Copa ANCCE, por ejemplo, es algo a lo que, según sus propias palabras, hay que asistir. “Es donde se reúne todo el mundo del PRE, ganaderos, aficionados, compradores… Hay que estar, ver a tus amigos y compañeros, a aquellos que tienen caballos de tu ganadería, que te cuentan cómo van sus animales; a los aficionados al caballo que te preguntan por potros, yeguas; veterinarios a los que consultar, jinetes con los que charlar. En resumidas cuentas: no podemos faltar”.

Solicita, desde su posición de ganadero, el incremento de pruebas en el calendario nacional de la disciplina, por considerarlo “interesantísimo para los que queramos criar caballos en ese sentido”. Por ello, el que se pusieran en marcha en 2004 las pruebas del MAPA le pareció fantástico. “El ciclo está mejor dotado económicamente que los concursos normales, el criterio es diferente y muy interesante para propietarios, jinetes y ganaderos”. Sin embargo, tuvo que renunciar a la presentación de “Kefir” en la primera prueba que hubo por la zona de Córdoba, porque pensó que lo vendería, y a la segunda por un resfriado. En sus ojos palpita la luz de la competición de 2005.

Fenómeno “Impaciente”
Lo conocemos todos, porque, entre otras cosas, es el actual Campeón de España de Funcionalidad y Subcampeón de la Raza. “Impaciente II” se crió en la Ganadería Hermanos Camacho Benítez y ahora pertenece a la amazona Teresa Jauquicoa Martinena. Antes pasó por otras manos, pero la familia de la navarra contactó con Rafael Camacho cuando ya no era su propietario, para adquirírselo. Desde entonces les une, además del caballo, una estrecha amistad. El ganadero procura ir a todos los concursos en los que participa, y comparte con Jauquicoa la alegría de los triunfos y la ilusión de un futuro prometedor.

Rafael lo recuerda: “Impaciente” fue el potro destacado de su camada, era algo especial. Nació en la torca que hay delante de la casa-cortijo y ahí fue donde lo vi por primera vez. Tenía menos de 24 horas de vida y ya se le notaban los “nudos”, corvejones y rodillas, grandes, fuertes, quizá excesivos para un animal tan joven. Se crió como en libertad hasta los cinco/seis meses de vida. Por costumbre, cuando se seca la hierba, a final de julio o en agosto, se destetan los potros y, por vez primera, se les pone un cabezón”. Dice que aún sufre cuando se acuerda de lo que les costó ponérselo a “Impaciente”, “era muy fuerte y no se dejaba sujetar con facilidad. Permaneció encuadrado unos cuarenta días y volvió con su madre, a pasear en total libertad por el campo. En Navidad bajamos de la sierra a todos los potros machos y, ya casi con el año, les enseñamos a dar cuerda. Se amansan, y la verdad es que, en sus primeros ejercicios, “Impaciente” no nos causó una gran impresión, pues quizás era demasiado grande para su edad y le faltaba fuerza”.

Relata el ganadero que, en el mes de abril, volvió a la libertad de la sierra, pasó el verano y el otoño y volvieron a probarse los potros. “Entonces descubrimos que brillaban, por su físico y sus movimientos”. Decidieron entonces llevar a “Impaciente” y a “Iberis” a SICAB, como potros de dos años, pero las expectativas fallaron. No obstante, el primero se vendió en el mismo certamen a Francisco Triviño y Mariano Zapata. Con ellos fue Campeón de la Raza en Torre Pacheco’01 y obtuvo una medalla de bronce en Sevilla. “En 2001 lo adquirió su actual propietaria, que le ha dado un increíble impulso tanto en morfología como en Doma Clásica”. Jauquicoa tiene en sus vitrinas un espacio reservado para este caballo. Desde ese mismo año, el metal de las medallas de SICAB ha ido aumentando de valor: bronce en 2001 y 2002, plata en 2003 y oro en 2004.

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