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¿Cómo poner el freno al caballo?

Colocar el freno a un caballo parece labor fácil y, en realidad, lo es. Sin embargo, son muchos los casos de caballos que, en todos los tipos de equitación, se resisten a admitir el hierro en su boca. Los motivos de su negativa pueden ser muy diversos. Veamos cómo evitar, con un Manejo Natural, esta reacción.
Los motivos de su negativa son muy diversos, desde el descuido y premura con que se le introduce por primera vez, hasta los caballos que nunca habían dado problemas y, de pronto, por una acción inapropiada al colocar o retirar el freno, desarrollan una resistencia a la maniobra. Ésta, generalmente, se agrava conforme pasan los días, semanas y meses, durante los cuales la lucha se incrementa en ese círculo vicioso típico del manejo tradicional. El empleo de la fuerza parece, engañosamente, la solución idónea, sin advertir que se cae en esa pendiente difícil de remontar, en la que se le ocasiona al caballo un dolor mayor cada vez y se crea una creciente reacción negativa más firme y decidida.

No son pocos los casos en los que el propietario prefiere emplear un freno-bozal (mecánico) o una falsa rienda (bozal simple de cuerda con cabezada y riendas) en lugar del freno, o bien atar al caballo al tubo inferior de un cajón o manga para impedir que levante la cabeza cuando se le pretende poner el freno. De igual modo, no son pocos los que han resultado lastimados (jinetes y caballos), con casos fatales para el equino, que lucha desesperadamente por sustraerse al maltrato.

Lo peor del caso es que actitudes que comienzan con un problema insignificante, como el que nos ocupa, devienen en situaciones muy serias en las que el caballo puede dejar de ser útil o desarrollar paralelamente otras resistencias que reducen su rendimiento o su empleo placentero.

Diagnóstico concreto
Tenemos un ejemplo que nos ayudará a explicar cuál es la mejor manera de solucionar este problema. Se trata del caso concreto de un caballo que inició su rechazo impidiendo o tratando impedir que el freno fuera retirado de su boca. Es de suponer que el caballo fue lastimado cuando se le quitaba el freno, no cuando se le colocaba el hierro.

No es raro observar jinetes poco cuidadosos que, al volver con el caballo a las cuadras, toman en una mano la silla y con la otra tiran de las riendas y de la cabezada, cogiéndola por la parte superior con la mano libre, con la finalidad de no regresar nuevamente a la caballeriza a hacerlo.

El resultado es la extracción brusca del freno, al ser retirado de un tirón, que golpea los colmillos y/o los dientes incisivos del equino. Este, generalmente, eleva la cabeza tratando de evitar ser lastimado. Otros caballos optan por coger el freno con los dientes, cosa que agrava la sensación desagradable cuando son obligados a soltarlo.

Es importante saber que basta una sola acción de este tipo para que muchos caballos adquieran suficiente temor, para que se inicie la carrera entre el incremento de dolor y su creciente actitud defensiva, hasta llegar a un punto en que el manejo tradicional no puede ofrecer retorno.

Al analizar el freno y el interior de la boca del caballo del que hablamos, se pudo observar que no había lesiones que pudieran estar ocasionando el problema, por lo que se continuó con la exploración de otras causas.

No todos los casos se deben al dolor provocado por un mal manejo o por frenos inapropiados, también se producen por falta de habilidad de personas inexpertas al colocarlo. Con su inteligencia excepcional para sacar partido de este tipo de actitudes, gran cantidad de caballos encuentran la forma de impedir que se les coloque el freno. Generalmente, lo logran elevando la cabeza y colocándola fuera del alcance del manejador. Esta forma de resistencia se manifestó en el caso que estudiamos, iniciándose su comportamiento al defenderse del dolor de ser desenfrenado, pero evitando también después que se le colocara.

Procedimiento
Durante el establecimiento del liderazgo sobre el caballo de nuestro ejemplo, se dio prioridad al control del “espacio vital”, en virtud de que, al pretender desplazar su tren delantero hacia la izquierda, se encontró una considerablemente resistencia a ceder. Este hecho demuestra que un porcentaje elevadísimo (del orden del 80%) de caballos, no sólo mansos, sino incluso de habitual alto rendimiento, como el del caso que nos ocupa, no aceptan el liderazgo del humano, por más que se tengan bajo manejo desde muchos años atrás.

Se recurrió entonces a lograr que el caballo dejara de resistirse al desplazamiento, haciéndolo girar sobre su tren posterior y cediendo el paso libre y voluntariamente al manejador. Establecido el liderazgo, como es usual, se soluciona la mayor parte del problema, pues el caballo deja de tomar decisiones por sí mismo, delegando esa responsabilidad al humano.

Una vez logrado esto, fue posible manipular su boca, primero en su parte exterior y después en su interior. El propósito era mostrarle al caballo que no se le pretendía hacer daño, sino que, por el contrario, manipular sus labios, encías, lengua, etc. puede ser placentero, en lugar de desagradable o doloroso. Al principio, el caballo decidió retroceder, para impedir el contacto de la mano con su boca, acto que se le permitió sin dejar de palpar sus labios, hasta que se dio cuenta de que retrocediendo no impedía la maniobra y sí, en cambio, lo colocaba en una situación incómoda y desagradable como la marcha atrás. Después de un par de repeticiones, dejó de recurrir a ella.

El siguiente paso fue pedirle que bajara la cabeza, objetivo que se logró elevándola y sosteniendo arriba unos segundos, para que él mismo resolviera su problema intentando bajarla. En pocos instantes se consiguió que, ante una sutil solicitud, permitiera manipular su boca y lengua, con la cabeza en posición extremadamente baja, actitud que fue reforzada positivamente con el simple hecho de producirle una sensación agradable. Este estado de ánimo se hizo evidente a lo largo de todo el tratamiento.

Un bolígrafo, así como, previamente, el mismo ronzal (que no se aprecia en las fotos), sirvieron para hacerle sentir diferentes materiales en el interior de la boca, así como las patas de otro freno que se utilizaron para introducir y sacar una pieza metálica, ya muy similar en sabor, textura y dureza al bocado de su propio freno.

A estas alturas, colocar y retirar el freno de la boca fue una acción puramente rutinaria, pues había desaparecido de una vez y para siempre el problema de colocación de este, incluso con su propio dueño, en tanto no se vuelva a producir nuevamente la acción que lo desencadenó u otra de efecto similar.

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3 Respuestas a “¿Cómo poner el freno al caballo?”

  1. milagro dice:

    yo amo los caballos y digo que esta pagina es genialllll

  2. mamina dice:

    que lindooooooo
    jaja

  3. CARLOS dice:

    he leido que hay una raza de caballos de salto , que toman decisiones por su cuenta, me gustaria saber si hay algo al respecto.

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